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Cuando Diamante Hare pisó por primera vez el campus de Northeastern Illinois University en Chicago en 2018, los miles de dólares en subvenciones, becas y préstamos que había sacado estaban en juego, al igual que su futuro. Además, las probabilidades estaban en su contra.

Era la primera vez que estaba lejos de su vecindario, un lugar predominantemente afroamericano en el oeste de Chicago, así que por eso, Hare se sentía incómodo en el nuevo lugar: no sabía qué esperar o si encajaría con los demás. Había otros estudiantes afroamericanos en la universidad, pero de los 20 estudiantes de primer año con quienes formó una amistad al comienzo del año, comentó que 17 de ellos no lograron continuar más allá del primer semestre.

Hare, quien ahora es estudiante de último año, está en camino a graduarse sin haber tenido que transferirse, ni haber tenido que dejar la universidad temporalmente ni tampoco haber tenido que asistir a la universidad solo medio tiempo. Eso es algo poco común. En Northeastern Illinois, solo el 11 por ciento de los estudiantes afroamericanos se graduaron dentro de seis años en 2019. Hay incluso menos estudiantes graduados dentro de cuatro años, algo que Hare planea hacer.

En Northeastern Illinois University, como en muchas otras universidades públicas en el país, los estudiantes blancos son más propensos que los estudiantes afroamericanos y latinos a poder graduarse. Credit: Camilla Forte/The Hechinger Report

Los estudiantes blancos en la universidad Northeastern Illinois son cinco veces más propensos a poder graduarse que los estudiantes afroamericanos; y tres veces más propensos a poder graduarse que los estudiantes latinos, según datos federales.

El problema está generalizado: a nivel nacional, los estudiantes blancos en universidades públicas son dos veces y medio más propensos a graduarse que los estudiantes afroamericanos; y 60 por ciento más propensos a graduarse que los estudiantes latinos.

Este artículo fue traducido por Anabelle Garay y Andrea Valencia.

En algunos estados, las brechas en índices de graduación son particularmente altas: en todas las universidades públicas con carreras de cuatro años en Illinois y Missouri donde había datos disponibles, había, por ejemplo, una brecha de al menos 14 puntos porcentuales de diferencia entre los estudiantes blancos y afroamericanos en 2019.

El estado de Illinois tiene las disparidades más agudas entre los estudiantes blancos y afroamericanos; además, ocupa el cuarto peor lugar en la brecha entre estudiantes latinos y blancos.

Hay una variedad de razones que contribuyen a estas brechas: la presión financiera, ya sea por falta de fondos o por la necesidad de trabajar mientras asisten a la escuela, la cual es una de las razones principales; gastar tiempo excesivo en clases de recuperación que no conllevan ningún crédito universitario pero que agotan la ayuda financiera es otra de las razones. Además, muchos estudiantes afroamericanos y latinos se van de la escuela porque se sienten excluidos o aislados.

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Northeastern Illinois tiene aproximadamente 5,600 estudiantes de pregrado, de los cuales el 39 por ciento son hispanos, el 27 por ciento blancos y el 11 por ciento afroamericanos. Más de la mitad de todos los estudiantes reciben becas Pell, la ayuda federal para familias de bajos ingresos. Muchos estudiantes son mayores de 25 años; y muchos asisten medio tiempo. A menudo, el trabajar varias horas fuera de la universidad es algo que obstaculiza el poder graduarse.

“Sabemos que estos obstáculos existen y que no los hemos abordado”, dijo Wil Del Pilar, vicepresidente de política de educación superior, práctica e investigación en el Education Trust, una organización sin fines de lucro que se enfoca en ayudar a estudiantes de color y estudiantes de bajos ingresos.

Si las universidades están dispuestas a inscribir a una diversidad de estudiantes, dijo, deberían estar dispuestas a invertir en los servicios de apoyo necesarios para ayudarle a los estudiantes a que se gradúen. Algunas universidades, incluida Northeastern Illinois, están en proceso de cerrar la brecha a través de nuevos programas y becas.

“Le damos a los estudiantes la oportunidad que otras escuelas no les dan. No obstante, la oportunidad significa solo ‘te vamos a dejar entrar’”

Francisco X. Gaytán, ex-vicerrector de retención y éxito estudiantil en Northeastern Illinois University.

Feliza Ortiz-Licon, funcionaria en jefe de defensoría y política en Latinos for Education, un grupo sin fines de lucro, comentó que los administradores y educadores que quieren abordar las disparidades raciales que impiden poder terminar la universidad necesitan echar un vistazo al sistema completo y responsabilizarse.

“Hasta cierto punto, sí, la educación en el Kinder a 12 grado debe ser responsable, pero ahora son sus estudiantes. ¿Qué van a hacer?”, dijo Ortiz-Licon. “No pueden seguir enfocándose en el Kinder a 12 y lo que no lograron hacer”.

Los retos financieros

Para Edgar Martínez, estudiante de último año, con 28 años de edad, incluso la ayuda financiera está fuera de alcance ya que se mudó a los Estados Unidos como adolescente y está indocumentado. Martínez trabaja para pagar su universidad, lo que quiere decir que tiene varios turnos en una tienda de víveres y trabajando de mesero. Martínez dijo que Northeastern Illinois hubiera sido más amena para él si le hubieran ofrecido horarios flexibles de clase.

Francisco X. Gaytán, ex-vicerrector de éxito y retención estudiantil en Northeastern Illinois, dijo que la universidad se ve a sí misma como una “universidad de última oportunidad”. Con un índice de aceptación de aproximadamente el 60 por ciento para estudiantes de primera vez y más del 70 por ciento para estudiantes que se transfieren, dijo que la universidad acepta a personas que no son propensas a entrar a otras instituciones de carreras de cuatro años.

“Les damos a los estudiantes la oportunidad que otras escuelas no les dan”, dijo Gaytán, quien este otoño comenzó a trabajar en North Park University, otra universidad en Chicago. “No obstante, la oportunidad significa que ‘te vamos a dejar entrar'”.

“Tenemos una obligación y responsabilidad de ayudarle a los estudiantes a llegar a la línea de meta. Sabemos que eso no sucede automáticamente”

Don Stansberry, vicepresidente de inscripción y participación estudiantil en la Universidad de Old Dominion.

Una vez que los estudiantes llegan, según Gaytán, necesitan apoyo y consejería, a menudo para responder a sus padres quienes piensan que si un estudiante está en clase por solo 15 horas a la semana, debería poder trabajar el resto de las horas.

“Eso es exactamente lo que uno no debe hacer, pero a menos de que pueda tener una sesión de orientación con las familias y estudiantes para explicarles, las familias latinas a menudo dicen: ‘No, no quiero que mi hijo sea flojo, quiero que vayan a trabajar'”, dijo Gaytán. “Además, los papás dicen: ‘¿qué vas a hacer con tu tiempo? ¿Por qué estás desperdiciando tanto el tiempo?’”

Para los estudiantes latinos, en especial los estudiantes que son la primera generación en su familia que asisten a la universidad, “no se trata solo de ‘échale ganas’, no se trata solo de ‘sí, se puede”’, comentó.

La dificultad de ponerse al día y sentirse incluido

Otros estudiantes enfrentan el reto de haber tenido una preparación inadecuada en la secundaria, y, por ende, deben tomar clases de recuperación en matemáticas o en inglés antes de poder tomar un curso a nivel universitario. Las clases de recuperación toman tiempo y dinero y no cuentan como créditos, lo que significa que los estudiantes que se inscriben en esas clases tardan más tiempo en graduarse y agotan su elegibilidad para recibir ayuda financiera.

Alexis Smith, un estudiante de último año de comunicaciones comenzó a tomar cursos de recuperación en una universidad comunitaria cercana en enero de 2015. Eventualmente, terminó su título técnico antes de haberse podido transferir a Northeastern Illinois en enero de 2019.

Smith, una mujer afroamericana con una discapacidad física, batalló para encontrar una comunidad en el campus. Smith utiliza una silla de ruedas, y, comentó estar decepcionada de no haber podido encontrar grupos afines para estudiantes como ella. Smith dijo que haber intentado unirse a una sororidad en la escuela pero que la rechazaron.

Los expertos en educación superior han identificado tres principales barreras que impiden que los estudiantes afroamericanos y latinos terminen la universidad al mismo paso que sus compañeros blancos: presión financiera, cursos de recuperación que no conllevan crédito y la falta de un sentido de pertenencia en el campus. Credit: Camilla Forte/The Hechinger Report

“¿Qué hay en mí?” se preguntó Smith a sí misma. “¿Es porque soy afroamericana y la mayor parte de las chicas en la sororidad son blancas o hispanas? ¿O, no tiene nada que ver con el elemento racial? ¿Es porque tengo una discapacidad? Nunca he visto a una mujer con una discapacidad ser parte de una sororidad. ¿Es que ellas creen que me veo muy diferente?”

Ortiz-Licon dijo que a menudo se espera que los estudiantes se adapten fácilmente a sus nuevos entornos, pero que no siempre es así.

En algunos casos, los estudiantes latinos y negros tienen un sentido muy fuerte de responsabilidad de tener que contribuir a sus familias, ya sea de forma financiera o con tareas como cuidado infantil de sus hermanos o hermanas menores, dijo Ortiz-Licon, lo cual es algo que los profesores no pueden ver como razones válidas para darles extensiones en las tareas.

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Los malentendidos y sentimientos de incomodidad a menudo van más allá del salón de clases. Ortiz-Licon dijo que haber trabajado con un estudiante latino que se había unido al club internacional en el campus porque “como estudiante de primera generación, de clase trabajadora, como estudiante de pregrado mexico-estadounidense, se sentía como un estudiante internacional”.

Ese estudiante fue invitado a una reunión social en donde le pedían traer ingredientes para contribuir a un plato de quesos y carnes frías, conocido como charcutería, dijo Ortiz-Licon.

“Él no tenía ni idea de lo que estaba hablando el anfitrión, así que decidió no ir”, dijo Ortiz-Licon.

Normalmente, no es solo un obstáculo o un incidente lo que hace que un estudiante decida dejar la universidad, dijeron los investigadores y educadores. La práctica de negar servicios financieros debido a la raza del cliente puede conllevar a tener una vivienda inadecuada que hace que los estudiantes no tengan un espacio tranquilo para poder estudiar; los estudiantes pueden llegar a la universidad de una secundaria en donde se les hacía sentir inferior; la brecha de riqueza, a pesar de la educación igualitaria puede significar una ayuda financiera limitada. Todas estas circunstancias pueden hacer que los estudiantes se sientan desesperanzados en su capacidad de poder graduarse.

Cómo cerrar la brecha 

Rutgers University-Newark, parte de la universidad estatal de Nueva Jersey, ha aumentado sus índices de graduación en estudiantes afroamericanos más allá del promedio nacional. Al reconocer que los estudiantes a menudo dudan en buscar ayuda, los consejeros colocaron “mesas de escucha” en puntos comunes de reunión en el campus. Los doctores y consejeros también se colocaron en entradas de edificios académicos, en salones para estudiantes y cafeterías para poder ofrecer consejería y orientación de salud y bienestar.

En Old Dominion University, una universidad pública en Virginia, alrededor de un tercio de los estudiantes son afroamericanos y se gradúan al mismo índice que los estudiantes blancos. Además de tener clubs como el coro de música gospel Ebony Impact, una asociación para estudiantes afroamericanos en ingeniería y Brother 2 Brother para los estudiantes que son hombres afroamericanos y latinos, tienen también una coalición de personal y profesorado afroamericano que ofrece mentoría y consejería a estudiantes afroamericano; asimismo, se tiene una coalición similar para ayudar a estudiantes latinos. 

“¿Qué hay en mí? ¿Es porque soy afroamericana y la mayor parte de las chicas en la sororidad son blancas o hispanas? ¿O, no tiene nada que ver con el elemento racial? ¿Es porque tengo una discapacidad?”

Alexis Smith, estudiante de último año en Northeastern Illinois University.

Junto con los seminarios de admisión y orientaciones abiertas a todos los estudiantes, hay también un instituto de desarrollo de liderazgo específicamente para estudiantes latinos y afroamericanos.

“Tenemos una obligación y una responsabilidad de ayudar a los estudiantes a que lleguen a la línea de meta”, dijo Don Stansberry, vicepresidente de inscripción y participación estudiantil en Old Dominion. “Sabemos que no sucede de forma automática. Sabemos que es un reto pedir ayuda cuando uno la necesita, y sabemos que tenemos que tomar medidas adicionales para alentar a los estudiantes a que lo pidan”.

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Luvia Moreno, decana asistente y directora de recursos para estudiantes indocumentados en Northeastern Illinois, agregó que muchos de los estudiantes que llegan no tienen los sistemas de apoyo que tenían en la secundaria. “Esa es otra barrera”, dijo. “A menos de que tengas a alguien que te guíe en el proceso, es muy difícil entrar a la educación superior y navegar el sistema”.

Para abordar esto, Northeastern Illinois ha estado desarrollando programas para ayudar a que los estudiantes afroamericanos y latinos puedan ajustarse a la universidad.

Proyecto Pa’Lante es un programa diseñado para ayudar a estudiantes latinos y estudiantes que están interesados en saber más de las culturas latinas en los primeros dos años. Les da acceso a mentoría y consejería bicultural y bilingüe; la membrecía también los hace elegibles para becas específicas al programa.

El proyecto de la escuela Project Success (Proyecto de Éxito) fue diseñado específicamente para reclutar y retener a estudiantes afroamericano. Los estudiantes que son aceptados al programa reciben una beca de mérito, toman un curso de fomento de habilidades académicas especiales y un curso de transición, así como consejería especial para ayudarles a sobresalir. Los estudiantes de Project Success también obtienen una consideración de prioridad a los programas de transición impartidos en el verano en la universidad, los cuales son para estudiantes que quieren desarrollar cimientos más sólidos en materias académicas o para los que desean conocer la experiencia universitaria más temprano. 

“Estamos tratando de averiguar cómo mejorar los servicios, cómo mejor comunicarles a los estudiantes que hay dichos servicios para asegurarnos de que están usando los servicios y que podemos monitorear cómo les va a los estudiantes para poder aumentar la retención y su graduación”, dijo Moreno.

Diamante Hare, estudiante de último año en Northeastern Illinois University, se sintió incómodo y fuera de lugar cuando comenzó la universidad en 2018. De los 20 estudiantes de primer grado que eran afroamericanos con los que formó una amistad a principios del año, comentó que 17 de ellos no continuaron más alla del primer semestre. Credit: Camilla Forte/The Hechinger Report

Aunque una mejor comunicación hubiera podido ayudar a Hare y a sus amistades de primer año, Hare dijo que no estaba al tanto de ninguno de esos programas, y por lo tanto, no pudo beneficiarse de ellos. Sí recibió ayuda de un consejero especial: su hermano mayor, Marvelas Hare, quien trabaja como consejero universitario y quien se graduó de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign en 2012.

El consejo de Marvelas Hare desde donde estaba no era de mucha ayuda, así que decidió ir al campus de visita, dijo Diamante, “porque yo no quería hablar con nadie. Tuvo que venir a la escuela y, obligarme, es decir, forzarme, a hablar con quien me topara, en especial con el profesorado afroamericano. Él me hizo presentarme y decirles a qué me quiero dedicar y qué quiero estudiar”.

Después de eso, Hare se sintió más cómodo en el campus; saludaba a otros y entablaba conversaciones. Hare dijo que esto le ayudó a encontrar mentores buenos y le ayudó a solicitar becas adicionales para facilitar la carga financiera de la universidad. También hizo amistades y comenzó un club de básquetbol que estuvo activo hasta que la pandemia interrumpió su segundo año.

Este junio pasado, mientras trabajaba medio tiempo en Walmart en el sur de Chicago y tomaba dos clases en el verano, Hare obtuvo un trabajo en la universidad a través del programa de verano de transición. Trabajó directamente con el grupo de Project Success, es decir con estudiantes afroamericanos más jóvenes que estaban en la misma situación que él cuando se inscribió en 2018.

Ahora, las probabilidades de Hare ya no están tan en su contra. Hare espera poder graduarse en la primavera de 2022 con un título en comunicación y medios de comunicación, por lo que espera poder obtener una carrera en comunicación deportiva.

Hare ha continuado siendo un mentor integral para estudiantes de transición durante el verano, incluso les ayuda a encontrar clases durante la primera semana del semestre y le ayuda a otros a coordinar cómo llegar a la escuela cuando necesitan transportarse en auto.

“Ojalá en mi primer año hubiera tenido a alguien que hiciera eso por mí”, dijo Hare. “No quería hablar con nadie y me sentía incómodo, no sabía a dónde ir. Así que esa fue una de las razones principales por las que les ayudo, para mostrarles algo que nunca tuve”.

Camilla Forte contribuyó a este artículo con reportaje periodístico.

Este artículo acerca de las brechas raciales entorno a la graduación fue producido por The Hechinger Report, una organización de noticias independiente sin fines de lucro enfocada en la desigualdad y la innovación en la educación. Lea sus otros artículos en español.

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Olivia Sanchez is a higher education reporter. She previously covered local and state government for the Capital Gazette newspaper in Annapolis, Maryland. Sanchez earned a bachelor's degree in psychology...

Meredith Kolodner writes investigative articles and produces data analyses for higher education and K-12 stories. She previously covered schools for the New York Daily News and was an editor at Inside...

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